28.7.04

La justicia triunfará

Les gusta fantasear a los gobernantes sobre la posibilidad de que sus actos no se vieran sujetos a la acción de una Justicia independiente, erigiéndose "ellos" en la justicia misma. Esta fantasía cala a menudo en la sociedad civil, confundiendo los poderes y otros conceptos básicos de política y gobierno.
Pero no nos engañemos, los actuales gobernantes y demás tránsfugas parrilleros son impermeables a dichas manipulaciones y a casi todas las maldades inteligentemente urdidas por la clase dirigente de hoy. Son impermeables por falta de lucidez, de neuronas y de pensamiento (palabras, obras y omisiones sí que tienen y muchas). Son de hecho tan inocentes, que causarían gracia si no fuera porque lo que causan es daño, y quizás también, un poco de pena. ¿Creen realmente que un hecho tan patosamente planeado y pésimamente ejecutado como la prevaricación llevada a cabo en la adjudicación del Molino quedará impune? Se permite aquí una sonrisa, como se sonreirá en su momento el juez de turno, que enjuicie el delito cometido por la Mesa de Contratación: ¡¡darle a Miriam Armedo el doble de puntuación en el apartado de experiencia laboral, cuando Jesús e Ignacita tienen diez veces más experiencia demostrable!! ¿No podrían haber sido más sutiles? ¿Haber nivelado un poco las puntuaciones? Para que no se les viera tanto el plumero, vaya. ¿Es que realmente pensaban que las víctimas del latrocinio se iban a quedar cruzadas de brazos? Imagino que no, pero les daba igual, porque ellos no se veían pagando nunca el desaguisado de su bolsillo.
La justicia, a la que ya se ha apelado por vía contenciosa y penal, dará la razón a Jesús Blanco e Ignacita Polo. La única pega es que, efectivamente, las personas directamente responsables de tan lamentables acontecimientos, no pagarán las indemnizaciones de sus propios bolsillos. El dinero provendrá de las arcas municipales, es decir, del dinero de todos los habitantes que tributan en Descargamaría.
La pena es que no habrá pena de cárcel. Y que la conciencia no remuerde a aquellos que no la tienen. ¿Se atreverá alguien con menos moral que ellos, algún día, a imponerles un castigo que les haga reflexionar sobre la maldad de sus actos?